El Sendero de un Mago- Anécdotas Mago Merlín y Arturo IV

Recuerda nuestro mago/a interior en nuestras páginas se llamará Merlín. Él, que representa nuestra sabiduría interior, ha sobrevivido siglos, ha pasado por infinidad de pruebas. Pero nuestro mago reacciona ante la vida del mismo modo: “Él ve”.

 

 

 

Lección Nº 14

 

Los magos no sufren ante una pérdida, porque sólo lo irreal puede perderse. Aunque perdamos todo, lo real seguirá existiendo. En medio de la devastación y el desastre, hay tesoros ocultos. Cuando busques entre las cenizas, mira bien.

 

Cierto día Arturo conoció la muerte. Estaba acurrucado en el bosque mirando un pájaro muerto.

 

“¿Porqué me siento tan atemorizado de ver esto?. Creo que cada vez le tendré más y más temor a la muerte”, le dijo a Merlín.

 

“Los mortales le temen a la muerte, porque tienen miedo de perder sus posesiones, sus casas con cosas dentro de ellas, sus familias y experiencias atesoradas. La idea de perder todo eso, les produce un temor enorme.

Pero te diré un secreto, nada muere en el momento de la muerte, la muerte es un comienzo, no un final. Cuando ustedes le tienen miedo, lo único que hacen es aferrarse a sus recuerdos. Acepta el punto de vista del mago y abre tus brazos a todas las pérdidas, incluso a la última pérdida, la muerte” dijo Merlín.

 

 

Arturo no estaba muy convencido de esto y le dijo a Merlín “Trataré de hacerlo, pero la verdad que hay muchas cosas que no deseo perder”.

 

“Entonces despréndete un poco de ellas y recuerda: todo aquello a lo cual te aferras está muerto, porque está en el pasado. Muere a todos los momentos, y descubrirás la puerta a la vida eterna” le respondió Merlín.

 

 

Como nos referíamos en la lección anterior, el cambio es un nuevo paso en nuestra vida. Cuando decidimos cambiar debemos tener en cuenta que hay cosas que se pierden y otras cosas que se ganan en la vida. “Siempre que hay creación, es preciso que haya destrucción” diría Merlín.

Nos pasamos toda la vida luchando por sostener y retener lo que tanto trabajo nos costó lograr. Luchamos por evitar las pérdidas. Para nosotros, la muerte sería como la derrota definitiva, y nos resulta tan abrumadora enfrentarla, que la enterramos en nuestra mente, y la negamos todos los días de nuestra vida.

 

 

“De hecho, todo aquello que temes acerca de la muerte, es reflejo de tu propia ignorancia, sencillamente temes, lo que desconoces por completo“, le dijo Merlín a Arturo.

 

 

Toda pérdida es dolorosa y siempre reaccionamos ante ellas. Sin embargo el paso de la infancia a la adolescencia es una pérdida desde un punto de vista, pero una ganancia desde otro.

 

Lo que quiero expresar es que cada cambio implica una ganancia y una pérdida, son dos caras de la misma moneda. Lo único que implica ganancia completa es la búsqueda de nuestra sabiduría interior. Es muy factible de que sucedan algunas pérdidas, por ejemplo afectivas, cuando uno decide entrar en esta maravillosa búsqueda interna de la sabiduría interior.

Uno, va cambiando, y los demás perciben ese cambio, y suele suceder que hay algunos que se adaptan a ese cambio y otros no y tendemos a preguntarnos por qué tal o cual persona se alejó, cuando en realidad los que cambiamos somos nosotros. Sin embargo, no lo debemos tomar cómo una pérdida.

Yo creo, personalmente que cada etapa que pasamos en nuestra vida, tiene un principio y un final, sea buena o devastadora para nosotros, era necesaria para nuestro aprendizaje.

Y vamos a pasar por lo misma situación y nos seguiremos encontrando personas de idénticas características hasta que finalmente hayamos aprendido, lo que esa situación y esa persona vino a enseñarnos. La vida está llena de adversidades que nos hacen perder muchas de las cosas que nos costó tener con tanto esfuerzo, los objetos y las posesiones, van y vienen en nuestra vida, pero nuestra esencia es la que permanece.

Siempre me pregunto hasta dónde somos capaces de llegar para retener las cosas materiales. Mucha gente llega a enfermarse, porque no puede seguir sosteniendo el nivel de vida que tenía hasta ese momento. Tendemos a vivir para las cosas, cuando en realidad las cosas están para disfrutarlas.

 

Desde mi experiencia personal, cuando siento que perdí algo, lo primero que hago es pensar porqué estoy pasando por esa situación, sin compadecerme, y después trato de ver qué es lo que debo aprender de esta pérdida.

Aprendí a ser agradecida por todo lo que tengo en la vida y aún por lo que no tengo, porque todo aquello que necesito va a venir a mí en el momento y lugar indicado. Es difícil volver a empezar, pero es muy importante tener la fe suficiente para empezar tantas veces como sea necesario.

Quizás lo hayan vivido, pero suele suceder que, de las mayores crisis de nuestras vidas, han surgido cosas maravillosas, lo que hay que pasar, es el momento con paciencia y con mucha fe. Y hay que estar muy atentos, porque debajo del aparente derrumbe, siempre hay un tesoro escondido y hay que saber buscar dentro nuestro para poder encontrar lo que tanto necesitamos lograr en nuestra vida.

 

La clave y las respuestas que buscamos no está en ninguna persona ni en ninguna situación. Todas las respuestas a nuestras preguntas, están en nuestra sabiduría interior.

Si hay algo que siempre recuerdo es lo siguiente: Nunca cargaremos sobre nuestra espalda algo más pesado de lo que podemos llevar. Y si en tu vida alguna vez sientes que lo que te sucede es demasiado para ti, pon tu problema en las manos de Dios, para Él todo es posible.

 

 

Para terminar con ésta lección me gustaría compartir junto a ustedes esta maravillosa frase que siempre recuerdo en mis momentos difíciles

 

Momentos difíciles

Soñé que caminaba por la playa con el Señor, y en el cielo aparecían escenas de mi vida.

 

Noté que en la última escena habían quedado dos partes de huellas: uno mío y otro del Señor.

 

Cuando la última escena de mi vida pasó ante nuestros ojos, miré hacia atrás, donde estaban las huellas y con asombro noté que muchas veces en el camino de mi vida había, sólo un par de huellas.

 

 

Noté también que eso sucedió en los momentos más difíciles y angustiosos.

 

Me sentí molesto y pregunté al Señor: “Señor, Tú me dijiste que yo había resuelto que andarías conmigo, sin embargo noté que en las mayores tribulaciones de mi vida había en la arena del camino sólo un par de huellas, no comprendo por qué en las horas que más te necesitaba me abandonaste”. Y el Señor respondió: “Hijo mío, yo te amo y jamás te dejaría en tus horas de prueba y sufrimiento. Cuando viste en la arena un solo par de huellas, fue exactamente cuando te cargué en mis brazos”.

 

 

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Lección Nº 15

En la medida en que conocemos el amor, nos convertimos en amor. El amor es más que una emoción, es una fuerza de la naturaleza que debe contener la verdad. Al pronunciar la palabra “Amor” quizás captamos la sensación, pero su esencia no se puede expresar con palabras. El amor más puro se encuentra donde menos lo esperamos: en el desapego.

 

Galahad, fue uno de los caballeros más nobles que sirvió a Arturo durante su reinado. Llegó el día en que Galahad debía convertirse en el paladín de una dama de la corte, sin embargo Arturo se resistió a ello y le preguntó a Galahad: “Qué sabes tú del amor? . Si estás tan ansioso por una dama, entonces te presentaré a tres para que escojas”. El rey mandó a llamar a una sirvienta del palacio real, de cabello canoso y su nariz llena de verrugas.

 

 

¿”Le servirás a ella por amor, caballero?” le preguntó Arturo. Galahad se negó.

Entonces Arturo ordenó traer a otra mujer. Los sirvientes trajeron a una niña recién nacida y le preguntó a Galahad: ” Si Margaret te pareció tan fea y vieja, entonces qué piensas de esta dama?”. La confusión de Galahad cada vez era mayor.

 

 

“Este amor del que tú hablas, es difícil de complacer”, dijo Arturo. Luego mandó a traer a la tercera mujer. En el salón ingresó una bella niña de doce años y Galahad al verla quedó perplejo. “Mi Señor es apenas una jovencita y mi media hermana” replicó Galahad.

 

 

Arturo lo miró fijamente y le dijo: “Mis caballeros dicen servir a sus damas por amor, y sienten pasión por aquellas a quienes sirven, cuanto más pasión hay, mayor es su celo en servirle. Sin embargo cuando dices estar enamorado, lo que realmente estás diciendo es que has satisfecho una imagen que llevas dentro. Así es como comienza el apego, con la inclinación por una imagen.  

Mira más allá de tus emociones, las cuales cambian constantemente y pregúntate qué hay detrás de esa imagen.

 

Las imágenes son fantasías que existen para protegernos de algo que no deseamos enfrentar. En este caso se trata del vacío. La falta de amor por ti mismo, crea una imagen para tapar el vacío.

 

De allí el profundo dolor que causa cuando te rechazan o te traicionan en el amor, porque deja expuesta la herida abierta de tu propia necesidad. El amor tiene un secreto, cuando puedas amar a una anciana y a una joven niña del mismo modo, entonces serás libre para amar más allá de la forma y de la imagen. Entonces se desatará en ti la esencia del amor, que es una fuerza universal. Y dejarás de sentir apego, el llamado silencioso al cual obedece el amor”.

 

 

Cuando un mago habla de “Amor”, se refiere a una fuerza universal que nos compete a todos, sin distinciones de ningún tipo, que va más allá de la imagen de la persona por la cual sentimos amor. En cambio para nosotros, el amor es algo puramente personal. Cuando le decimos a alguien del cual estamos enamorados “Te amo, porque eres mío”,

 

Este es un tipo de apego emocional, muy importante, que no tiene nada que ver con el “amor” en sí, sino que la otra persona pasaría a hacer una posesión nuestra. Sin ir más lejos, podríamos dar otro ejemplo mucho más cotidiano.

Solemos referirnos a nuestros hijos, como aquellos seres que nos pertenecen por derecho propio, por haberles dado la vida. Es difícil comprender que no son “nuestros”, y mucho menos una prolongación de nuestra propia vida, ilusiones y sueños por realizar.

 

 

Cuántas veces sentimos que una persona por ser nuestro “amigo”, nos pertenece y nos cuesta compartir su afecto con otra persona?. El “amor”, no posee nada. Es sencillamente lo contrario: es libertad. El apego emocional va formando muros alrededor de la persona que decimos amar, la va encerrando en un mundo lleno de limitaciones y condiciones que la terminar por ahogar. Estos muros nos hacen sentir ” aparentemente “seguros de poseer a la otra persona, cuando en realidad denotan una gran inseguridad personal.

 

 

 

Si uno ama a alguien, debe dejarlo “libre”. Seguramente, tú podrás recordar la sensación que sentiste al saber que estabas enamorado de alguien. Es una de las más maravillosas sensaciones que uno puede recordar.

 

Cuando uno ama, se siente expuesto y vulnerable a la otra persona, pero la emoción del “AMOR”, te hace vivir el éxtasis y no una sensación dolorosa cómo pensabas. En un sentido muy amplio, “enamorarse” significa, compartir lo desconocido con otra alma y a estar dispuestos a marchar juntos hacia la sabiduría de lo desconocido. Pero “juntos”, también significa “separados”, y con esto quiero decir, que no hay nada más maravilloso que seguir siendo quién uno es y dejar al otro, ser, quien realmente es, para poder compartir esta búsqueda mutua y encontrarse en un punto en común que es “el amor mismo”.

 

 

Por lo general buscamos a alguien para reflejar nuestra propia imagen o para repararla. En el primer caso, buscamos un espejo, en el segundo caso tratamos de buscar la pieza que nos falta. En ambos casos lo que subyace es una necesidad.

 

Al sentirnos inseguros de nosotros mismos e incompletos, lo que tratamos es de reforzar nuestras carencias a través de otra persona. Por lo tanto lo primero que debemos preguntarnos es cuáles son nuestros vacíos y después llenarnos con nuestra propia esencia, y esto significa “aceptarnos y amarnos a nosotros mismos, tal cual somos”.

Se me ocurre pensar, el daño que le causamos a otra persona cuando le exigimos que nos dé a nivel sentimientos, lo que ni siquiera nosotros nos damos a nosotros mismos. Podremos pedir que nos acepten tal cual somos cuando en realidad somos nosotros quienes no nos aceptamos?, entonces buscamos en otra persona, lo que a nosotros aparentemente nos falta, “la falta de aceptación”.

 

 

Merlín hace una maravillosa referencia al amor y dice de él lo siguiente: “El amor cambia, porque en la emoción del amor siempre está contenido su contrario. El amor más fuerte enmascara un odio, igualmente intenso. La única diferencia reside en que el amor está en flor y el odio es apenas una semilla”. Para Merlín, el espejo del amor es una forma divina de ir más allá de nuestro propio ego y de sentir la necesidad de poseer a alguien.

 

 

Si logramos descubrir esta verdad, nos daremos cuenta que todas las emociones son amor disfrazado. Aunque los celos y el odio parecen ser lo contrario al amor, no dejan de ser formas distorsionadas de volver al amor. Los celos, buscan el amor, pero lo hace desde el apego y la necesidad de poseer a la otra persona, la persona que siente odio, puede estar tratando desesperadamente de amar, pero odia en su desesperación de creer que nunca lo logrará. Odiar, es pedir amor a los gritos, es una profunda necesidad de sentirse amado por otra persona y a la vez por uno mismo.

 

 

 

“El trabajo que realizas en ti mismo, no es un objetivo, es un proceso que dura toda la vida. Todos viajamos interminablemente a través de la eternidad, y el tiempo que pasamos en este plano de acción solo es un breve instante. Decidimos venir aquí para aprender lecciones y trabajar en nuestro crecimiento espiritual y para expandir nuestra capacidad de amar. No hay un momento adecuado ni un momento inadecuado para llegar ni para partir.

 

 

Nos vamos cuando hemos terminado nuestra tarea espiritual. Venimos para aprender a amarnos más y para compartir ese amor con todos los que nos rodean. Venimos a abrir nuestro corazón a un nivel mucho más profundo. Nuestra capacidad de amar es lo único que nos llevamos al irnos.

 

Si tuvieras que partir hoy, cuánto amor te llevarías?”

Louise Hay. “Pensamientos del corazón”, Ediciones Urano S.A, 1991

 

 

 

 

Referencias

(Parte del texto fue condensado del libro “El Sendero del Mago”, Deepak Chopra, Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 1997, sumado a nuestras apreciaciones personales)