¿Qué es la sanación?


En mi opinión, la manera de crear esos sistemas de sanación es a través de nosotros mismos,poniendo la intencion de hacérnoslo a nosotros mismos  y a esa persona que está en la misma sintonía de quererse curar.

Con el poder y convicción de nuestra Fé, decretando y visualizandonos ya sanos. Es así como haremos funcionar nuestra verdadera magia.

Cada vez que entran nuevas energías, vemos que la enfermedad no existe, la creamos a través de nuestro ego .

El utilizar al mismo tiempo energías, como sonidos, colores «geometrías, cristales» y energías  nos puede ayudar, pero se acabará volviendo una dependencia, como un medicamento. Por ello en mi opinión, lo importante es tomar conciencia y conectar con nuestro Yo Superior. Todos Somos Uno

 

La enfermedad física no accidental es una respuesta de nuestro alma, cuando nuestro niño/a interior no es feliz y nos dá esos toques de atención poco a poco para que nos demos cuenta de que algo en nuestra vida no está bien.

 

 

 

 

La enfermedad A (causa) provoca un desarreglo que intenta solventar la enfermedad B (respuesta). El caso es que llevamos dentro las semillas que posibilitan el desarrollo de las enfermedades.

 

Semillas en forma de:

a) Estrés residual, bien por hechos acaecidos a nosotros en cualquiera de nuestras vidas, bien por memorias energéticas de sucesos ocurridos a alguno de nuestros ancestros.

b) Patrones mentales erróneos, tanto individuales como colectivos.

c) Patrones reactivos insanos, convertidos en hábitos.

d) Efectos del karma negativo.

e) Consecuencias de votos, promesas y juramentos.

 

Ciertamente, también puede haber causas externas, debidas al entorno; pero, con frecuencia, resultan más determinantes las provenientes de nosotros mismos, a través de nuestra negatividadad y nuestro Ego, las creamos. Todo depende de nuestra actitud.

Así, por ejemplo, ante una misma epidemia comprobamos que unas personas enferman y otras no, aún encontrándose en circunstancias similares.

 

Muchos sistemas de sanación resultarán altamente eficaces por sí mismos en el tratamiento del primer apartado,  y con su aplicación podrán desaparecer múltiples dolencias.

 

Sin embargo, la sanación del requiere una transformación del individuo y, por tanto, la voluntariedad y dedicación (a veces, también esfuerzo) que el enfermo habrá de aportar para sanarse a sí mismo (mientras, eso sí, se auto-aplica o le aplican otros los métodos o técnicas). De hecho, la sanación de algunas inarmonías va a requerir el consentimiento consciente y expreso del receptor (por ejemplo, la liberación de votos, promesas y juramentos).

 

Nuestra trayectoria vital es, fundamentalmente, el resultado de la conjunción de tres vectores personales:

  • La vocación, relacionada con las capacidades y habilidades adquiridas a lo largo de las sucesivas encarnaciones.

  • La voluntad o conjunto de decisiones conscientes, aunque detrás de las mismas puedan encontrarse motivaciones subconscientes e incluso inconscientes.

  • El destino que el Universo tenga marcado para nosotros, según nuestro karma y nuestro dharma: todos tenemos al menos un destino individual, mientras que algunas personas encarnan además con un destino colectivo (más o menos público, según las circunstancias de cada cual).

Que vocación, voluntad y destino sigan una orientación común, es lo más cómodo para la persona y lo más efectivo para alcanzar excelentes resultados con el menor esfuerzo posible. 

Sin embargo, sólo en contados individuos se da de manera espontánea y natural esa favorable conjunción:

A) Se trata de las personas “con suerte”, los triunfadores.

B) También, en un plano superior, son los líderes, investigadores y creadores que logran fácilmente sus objetivos.

Es frecuente que el destino que el Universo haya marcado para nosotros implique el aprovechamiento de nuestras capacidades y habilidades; pero no necesariamente de acuerdo con la vocación conformada a través de las distintas encarnaciones. De hecho, pueden darse fuertes contradicciones entre vocación y destino; singularmente en el caso de que no coincidan y el Universo haya decidido que sigamos las metas marcadas por el karma y el dharma, y no exclusivamente las correspondientes a la vocación (en algunos casos, incluso las decididas por la Divinidad Creadora independientemente de nuestros méritos y deméritos objetivos, tanto presentes como kármicos).

Cuando vocación y destino no reman en la misma dirección, queda en entredicho la consecución de objetivos, y si la vocación pretende imponerse al destino, el fracaso a largo plazo es seguro.

En caso de desacuerdo entre vocación y destino, suele entrar en juego nuestravoluntad, presentándose varias posibilidades:

A) Imponer a la trayectoria vital una orientación basada meramente en gustos y deseos.

B) Proyectar una trayectoria vital de acuerdo sólo con la vocación.

C) Orientar la trayectoria vital en base a criterios intelectuales (racionalizaciones del Ego).

El caso es que la voluntad, conformada tanto por criterios racionales como por otros factores subconscientes e inconscientes, tiene importantes dificultades para cumplir satisfactoriamente su función directora aunando vocación y destino. Además de las pretensiones de dirigir por parte del Ego, habitualmente la conjunción de mente y voluntad carece de los datos necesarios para acertar en su orientación, siendo la causa de buena parte de los fracasos y frustraciones  que dificultan tantas vidas.

Para elegir adecuadamente, en vez de seguir los criterios del Ego y los cantos de sirena del subconsciente, la voluntad puede recurrir a los procedimientos que le aporten Sabiduría clara y profunda. Para ello uno de las maneras que aconsejo es la hipnosis cuántica, para despertar e integrar nuestro Yo Superior